Dios te ama y ha preparado un camino para ti. Descubre los 4 pasos para conocer a Cristo y recibir el regalo de la vida eterna.
DesciendeLa Biblia establece una verdad que nos iguala a todos: todos hemos pecado y estamos lejos de la presencia gloriosa de Dios. Cada ser humano está sujeto al juicio divino y, al ser Dios santo y perfecto, el pecado nos separa eternamente de Él.
"Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios." Romanos 3:23
Como Dios es la fuente de la vida, esta separación significa muerte eterna. Ninguna religión, buena obra ni esfuerzo humano puede saldar esa deuda.
"El pago que da el pecado es la muerte..." Romanos 6:23a
Pero Dios no nos dejó perdidos. Ante la deuda imposible, extendió un regalo. Todo el Evangelio cabe en un solo versículo:
"Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna." Juan 3:16
«Tanto amó Dios al mundo...» — Te incluye a ti. No existe una sola persona fuera de ese amor.
«...que dio a su Hijo único...» — Jesucristo, siendo igual al Padre, se hizo humano y murió en la cruz pagando por tus pecados. En su último aliento declaró: "Todo está cumplido" (Juan 19:30). La deuda fue saldada una vez por todas.
«...para que todo aquel que cree en él no muera...» — La salvación no se gana; se recibe por fe.
«...sino que tenga vida eterna.» — Vida sin fin en la presencia de Dios.
En el instante en que confías en Cristo como tu Salvador, tres verdades se hacen tuyas:
"Tus pecados son perdonados." Colosenses 1:14
"Pasas a ser hijo de Dios." Juan 1:12
"Todos los que invoquen el nombre del Señor alcanzarán la salvación." Romanos 10:13
¿Has confiado personalmente en Jesucristo como tu Señor y Salvador? Si aún no lo has hecho, puedes hacerlo ahora mismo.
Si reconoces que eres pecador y deseas que Jesucristo sea tu Señor y Salvador, haz esta oración en voz alta, desde lo más profundo de tu corazón:
Tú has dicho que yo soy un pecador y que necesito tu perdón.
Te estoy pidiendo que me ayudes a apartarme de mi pecado.
Tú has dicho que para ser perdonado debo arrepentirme y creer en el Señor Jesucristo.
En este momento recibo a Jesucristo como mi Señor y Salvador.
Estoy dispuesto, con tu ayuda, a seguir y a obedecer a Cristo como el Señor de mi vida.
Amén.
Al recibir a Jesucristo te convertiste en hijo de Dios, y ahora puedes llamarle "Padre". Así como un padre terrenal busca tiempo con sus hijos, Dios desea encontrarse contigo cada día. La mejor manera de conocerle es pasando tiempo a solas con Él.
"Se levantaba temprano para orar y se iba a un lugar tranquilo." Lucas 5:16
Establece un momento fijo —de mañana o de noche— que sea tu cita con Dios.
Comienza con el Evangelio de Juan: un capítulo diario y lo terminas en menos de un mes. Luego sigue con el libro de Hechos, que muestra cómo vivieron los primeros cristianos.
"Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación." 1 Pedro 2:2
No solo leas: medita. Meditar es pensar detenida, serena y profundamente en lo que Dios te dice. Busca promesas personales, mandatos a obedecer, versículos para memorizar.
Tu oración diaria puede incluir cinco elementos:
"Si confesamos nuestros pecados, podemos confiar en que Dios, que es justo, nos perdonará nuestros pecados y nos limpiará de toda maldad." 1 Juan 1:9
Busca una iglesia donde se predique el evangelio completo. Allí recibirás enseñanza, comunión y el apoyo de otros hermanos que ya caminan con Cristo.
"No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos, y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca." Hebreos 10:25
La obediencia no es solo seguir reglas: es abrirle todas las habitaciones de tu vida a Cristo. Que Él no sea solo tu Salvador, sino también tu Señor absoluto, dueño de cada área.
"Si me amáis, guardad mis mandamientos." Juan 14:15
Lo que lees, ves y escuchas moldea tu mente. Retira las lecturas, películas y contenidos que alimentan el pecado y reemplázalos con la Palabra de Dios y pensamientos dignos.
"Pensad en todo lo verdadero, en todo lo que es digno de respeto, en todo lo recto, en todo lo puro, en todo lo agradable..." Filipenses 4:8
El dinero, la fama, los placeres del mundo nunca llenan. Solo hacer la voluntad de Dios sacia el alma profundamente.
"Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y acabar su obra." Juan 4:34
Aunque estés ocupado, haz espacio para estar con Él. Y deja que el Espíritu Santo te capacite para servir en su Reino: cada creyente tiene una obra preparada de antemano para hacer.
"Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras..." Efesios 2:10
Hay áreas de la vida que preferimos mantener ocultas. Pero para Cristo no hay armarios cerrados. Entrégaselo todo: tus heridas, tus adicciones, tus vergüenzas. Él sana lo que le confías.
"Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad." 1 Juan 1:9
El paso final es firmar el traspaso: ya no eres tú el dueño de tu vida, es Él. Esta entrega completa es el fundamento de toda verdadera obediencia.
"No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento..." Romanos 12:2
Jesús dijo a sus primeros discípulos: "Seguidme, y yo os haré pescadores de hombres" (Mateo 4:19). Ese llamado sigue vigente. Todo creyente es embajador de Cristo y testifica con tres herramientas:
"Procurad que vuestra luz brille delante de la gente, para que vean vuestras buenas obras, y alaben a vuestro Padre que está en los cielos." Mateo 5:16
Una forma sencilla de presentar el evangelio es a través de cuatro verdades:
"Por la bondad de Dios habéis recibido la salvación por medio de la fe; no la debéis a vosotros mismos, sino que es un regalo de Dios." Efesios 2:8-9
"Todos los que invoquen el nombre del Señor alcanzarán la salvación." Romanos 10:13
Quien acaba de recibir a Cristo es un bebé espiritual que necesita alimento, abrigo y compañía. Ayúdale a leer la Biblia, orar, unirse a una iglesia y dar sus primeros pasos en la fe.
"Id, y haced discípulos a todas las naciones..." Mateo 28:19
"Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna."